Este mes he visto tres situaciones distintas que me han llevado a la misma reflexión: «consulta con el especialista».
La primera fue mirando vídeos en las redes sociales. Un vídeo de una influencer comentaba que acababa de solicitar la marca del nombre con el que es conocida. Me quedé enganchada a su vídeo para escuchar la gran cantidad de frases sin fundamento alguno: «he consultado a mi asesor fiscal cómo hacer la marca», «necesito un logo rápido para pedir mi marca», «mi asesor fiscal se ha encargado de todo».
En primer lugar, no sabían que para registrar una marca no es necesario tener un logo. Segundo, curioseando vi que su asesor había pedido la marca para unos servicios que no necesitaba y no la había pedido por aquellos que si haría uso. Y tercero, su asesor había rellenado mal los datos de solicitud y esta marca estaba condenada a recibir un suspenso que se podría haber evitado.
La segunda situación fue al ver la rotulación de un local conocido. El nombre del local iba acompañado del símbolo ®, y como maniática que soy, lo busqué. Sí, la marca estaba registrada, pero, ¡oh, sorpresa! El rótulo del local no utilizaba exactamente la marca que se había registrado, habían variado la marca publicitada y el registro ya no tenía mucho sentido.
Un especialista les habría dicho que estaban utilizando la marca de forma diferente a como estaba registrada y les debilitaba ante posibles casos de infracción.
La tercera fue una empresa, en la que aprovechando que estaba rehaciendo su página web se decidió a registrar su marca. Ya habían pensado hacerlo ellos mismos en varias ocasiones y pensaban que no iba a ser difícil, pero nunca encontraban el momento. Además tenían el problema de que existía una marca similar ya registrada que les podía perjudicar. Qué sorpresa cuando descubrieron que el menor de sus problemas era la existencia de la marca anterior ya registrada. El problema fue que la empresa utilizaba como marca un nombre muy genérico por los servicios que ofrecía. Nada más hacer el registro, la marca se denegó, y por tanto, invirtió un dinero que no sirvió para nada.
La recomendación que siempre se hace es que se debe buscar un nombre original, evitando la generalización.
Estas tres situaciones, aparentemente distintas, ponen de manifiesto una misma realidad: no basta con «consultar con alguien» o pensar que «es rápido y fácil», sino que es clave acudir al experto adecuado. Estar bien asesorado puede evitar generar errores básicos, perder el tiempo y tener gastos innecesarios que podrían haberse evitado desde el principio.
Penedès Econòmic – Marzo 2026
