No pensaba escribir sobre este tema porque estos días los periódicos y las redes sociales no han parado de hacerlo, pero he de confesar que yo también he visto la actuación de la media parte de la Super Bowl.
El tipo de música de Bad Bunny no la encontrareis en mi lista de Spotify, pero he de reconocer que el espectáculo me ha gustado. El Sr. Benito, sin decir nada, sólo cantando y con una espectacular escenografía, ha conseguido transmitir su mensaje de rechazo hacia las políticas de imperialismo y grandiosidad de los EEUU.
Bad Bunny como marca personal transmitió autenticidad y conexión con el público. Sin renunciar a sus orígenes y orgulloso de su cultura enarboló la bandera de Puerto Rico como símbolo contra el talante trumpista. Aplaudo la valentía de confrontarse cuando sabe que millones de espectadores le están mirando en televisión.
Aparte, en este espectáculo las marcas se pelean por salir, ya que es el gran escaparate del mundo. La retransmisión del show supone interrupciones cada pocos minutos para incluir publicidad. Es visto por más de 135 millones de espectadores y las marcas han pagado cantidades astronómicas para estar presentes, y es que los anuncios también forman parte del espectáculo.
¿Sabéis cuál fue la marca con la que se abría lo espectacular de la media parte? Lógicamente debería ser el logo de la NFL, pero no fue así, fue Apple.
Hay momentos del año en que los espectáculos van mucho más allá porque se convierten en rituales colectivos, en espacios compartidos que unen a millones de personas frente a una pantalla. Las campanadas de Fin de Año, la Super Bowl, los Juegos Olímpicos, los Oscar o los Grammys no son sólo eventos de entretenimiento, sino que se convierten en escaparates mediáticos de enorme impacto social y económico. En estos momentos la atención del público es del 100% y las marcas lo saben.
Por eso, las empresas compiten por esta atención con cantidades desorbitadas de dinero, por aparecer, ya sea proclamándose como «primer anuncio del año», con un brindis especial o presumiendo de haber patrocinado un gran espectáculo. No es sólo cuestión de publicidad, sino de presencia simbólica, formar parte de un momento que quedará grabado en la memoria colectiva. Así, estos eventos generan una fusión entre emoción, tradición y estrategia comercial, donde el entretenimiento y las marcas caminan juntas de la mano y se benefician mutuamente.
Penedès Econòmic – Febrero 2026
