Es una lástima pero las grandes marcas acaban comiéndose las pequeñas.
¿Cómo es qué sucede esto? Porque estas últimas son fieles a su esencia. Generalmente son empresas familiares que llevan generaciones en el mercado, pero que acaban cerrando por la presión de las grandes empresas.
Hace unos días vi en Linkedin una publicación en la que alguien comentaba que la caja de galletas BIRBA® había quedado un poco anticuada. Quizás sí, si la comparamos con los packagings actuales, pero más allá de la estética, esta caja representa mucho más que un simple envase: el consumidor reconoce un producto, una tradición y una manera de hacer. Es precisamente aquí donde recae su valor, porque allí donde unos ven un producto antiguo, otros ven un producto auténtico que aporta confianza, incluso con un mayor precio.
Es como la Castañada y el Halloween. La Castañada es una tradición que forma parte de nuestra cultura, mientras que Halloween ha ido ganando terreno gracias a su gran presencia comercial y mediática. Cada vez vemos más disfraces, calabazas y decoraciones, más propias de un túnel del terror, mientras que las castañas, panellets y tradiciones de siempre quedan en un segundo plano.
El problema no es que lleguen nuevas ideas o costumbres, al contrario, porque apostamos siempre por la innovación, sino que éstas acaben sustituyendo lo que ya teníamos. Cuando una gran empresa saca una nueva marca de producto, no sólo compite con las que ya existen, sino que también influye en nuestros hábitos de consumo. Parémonos un momento a pensar: en Todos los Santos, ¿Qué comen los niños y niñas? ¿Castañas y panellets o caramelos y chocolate?
Las grandes empresas tienen recursos para poner en el mercado sus productos con facilidad, lo que no ocurre con las más pequeñas o más locales, aunque ofrezcan productos de calidad y un trato más cercano.
Entonces, ¿Hasta qué punto somos libres de elegir lo que consumimos? Lo que más publicidad recibe ocupa un espacio prioritario en nuestro cerebro e intensifica las ganas de consumirlo, como ocurre con la publicidad que se hace en Navidad. Si no somos conscientes de este proceso, corremos el riesgo de perder nuestra cultura y que el comercio se vea relegado a un consumo más globalizado, perdiendo la identidad de cada territorio.
Sin embargo, espero que el día de Acción de gracias y el Black Friday no se acaben comiendo la cena de Navidad y la noche de Reyes.
Penedès Econòmic – Octubre 2026
